En el área de selección en recursos humanos estamos bastante acostumbrados al maltrato de parte de los entrevistados, sabemos que nos ven como si fuésemos “aliados” de los clientes para los cuales trabajamos.

No voy a negar que muchos selectores/as son terribles bestias y que ven a los “recursos” como números o comisiones y no como personas.

El miércoles pasado llegué tarde a la oficina porque el tren y la mar en coche. Entré hecha una tromba, agarré una solicitud de empleo que estaba sobre la mesa de recepción y mientras iba a mi escritorio le dije “ya estoy con vos” a la sombra que estaba sentada en recepción esperándome. Llegué al escritorio, busqué el C.V. de la persona a la que tenía que entrevistar, miré el puesto, me puse los lentes y fui a la recepción a buscar a la “sombra”.

“Hola Juan” -beso- “pasá por acá por favor”.

Entro a la oficina donde entrevisto a los candidatos y por primera vez lo miro: Juan, está parado con un sobretodo negro, camisa blanca y pantalón de vestir. Tiene los zapatos lustrados y la ropa planchada y almidonada. Miro la solicitud de empleo: tiene 22 años, vive en Provincia de Buenos Aires con sus padres.

“Primero que nada, disculpe que llegué tarde. Tenía que estar a las 9.30 y pequé de ingenuo, pensé que el tren iba a andar bien”, dijo y me descolocó.

Le dije que yo había llegado después que él, que yo le pedía disculpas, que no se preocupe.

Esperó a que yo me siente primero y me volvió a descolocar. Colgó su saco en un gancho y se sentó. como lo noté nervioso, le ofrecí un café o agua y me dijo que no.

Nos pusimos a examinar su C.V., se postulaba para un puesto de desarrollador Jr. PL/SQL, no tenía experiencia y pedía un sueldo excesivamente bajo. Su último trabajo había sido en una mesa de ayuda de un local de venta de insumos de computación y antes de eso reparaba heladeras y otros electrodomésticos.

“Yo se que no tengo experiencia laboral, tengo solo la experiencia de la facultad, pero le prometo que quiero aprender. Necesito una oportunidad para demostrar que puedo hacer esto, por eso pido tan poco dinero”, dijo.

Hablamos un poco más sobre las posibilidades que tenía, sobre su C.V. y otros lenguajes que conocía.

Luego dijo “Desde el lunes que me avisaron que tenía la entrevista estoy estudiando PL, si quiere me puede tomar un examen, eso sirve?”. Le dije que sí, que me deje pensar unos días, que se quede tranquilo y que algo íbamos a conseguir, le pedí paciencia. Se fue contento de la entrevista y a mi me dejó una angustia terrible en el pecho.

Muchas veces me quejo de la soberbia de muchos de los candidatos de IT que no se ve en otros ámbitos. Juan me dio un buen cachetazo de realidad absolutamente necesario. ¿Estoy tan acostumbrada al maltrato? Lo comenté con mis compañeras de oficina y la sensación fue general. Nos terminamos acostumbrando al maltrato porque no hay tiempo, porque todo es urgente y todo es para ayer.

Trabajo en recursos humanos no sólo porque necesite dinero, trabajo en esto porque me gusta. Porque sé que un cambio laboral también es un cambio de vida, una nueva oportunidad, porque estoy absolutamente segura que encontrar un trabajo que te guste es parte de ser feliz.

También tengo como regla decirle a un candidato que pienso de su C.V., si siento que me miente, si no me hace sentir cómoda, le pregunto que busca en su vida y también les digo en el momento si voy a postularlos o no. Les pregunto si luego de escuchar sobre el puesto todavía quieren postularse, le cuento los pros y los contras, les doy mi opinión y les aviso que a veces mi opinión no cuenta tanto.

Por tener formas diferentes y por la gente que trabaja en recursos humanos y no hace bien su trabajo, a veces me siento un poco mal, sapo de otro pozo y desvalorizada.

Las personas como Juan me hacen querer seguir de esta forma. Me da las fuerzas que necesito para seguir pensando que un trabajo te puede cambiar la vida.

El problema es que esto pasa si y sólo si estás preparado para buscar lo que deseás.

No hace falta ser un crack, tener la mejor ropa, o el mejor perfume. Tampoco es absolutamente necesario tener el mejor promedio en la facultad o siquiera haberla terminado.

Hacen falta ganas de aprender, de seguir para adelante , crecer y recordar que la humildad es una virtud y no viene con el título universitario.

Juan tiene esto muy claro. El viernes 16/08/13 rindió un examen sobre .Net para poder ingresar como trainee a una empresa.

Nota: Hoy Juan trabaja en una empresa mediana como Desarrollador. Está feliz 🙂